Osteopatía craneal

La osteopatía craneal nace de la mano del Osteópata William Gardner Sutherland. Un día de 1899, estudiando la estructura craneal de un esqueleto perteneciente a Andrew Taylor Still, le llamó la atención la unión sutural esfeno-escamosa y al ver el parecido de la escama del hueso temporal con las agallas de un pez y delimitando el ala mayor del esfenoides, le invadió un pensamiento: “biseladas como las agallas de un pez; también indican un mecanismo móvil articular para la respiración”.  Ese día, en ese mismo instante, nació el concepto craneal y la denominación M.R.P.: Movimiento Respiratorio Primario. Sutherland tardó treinta años en desarrollar su teoría que en un principio, realmente consistió en demostrar que los huesos del cráneo carecen de movilidad articular; por supuesto fracasó y pudo dejarnos en herencia una serie de estudios que confirman que el cráneo no es una excepción, y por consiguiente también posee movimiento.

En treinta años de estudios hizo pruebas de todo tipo, y sobre todo las hizo sobre si mismo; él decía que si las prácticas las realizase en otra persona él solo habría conseguido información; ella habría adquirido el conocimiento.

Sutherland siempre dijo que el concepto craneal realmente le pertenecía a su maestro Still, quien aseguraba que no existían sinartrosis en el cuerpo humano sano. Hablaba de su maestro como de alguien que enseñaba una medicina completa y compleja a la que sus estudiantes no estaban lo suficientemente preparados para aprender, y es que Andrew. T. Still era un hombre que profesionalmente estaba muy adelantado a su tiempo, y lo más probable es que muchos de sus conocimientos no pudiera transmitirlos; bien por que la forma de impartir osteopatía por aquel entonces no era lo suficientemente didáctica o que sencillamente él mismo adquiría unos conocimientos tan profundos y poco probados que no podía transmitirlos con facilidad. También es verdad que el método utilizado por aquel entonces no era el más idóneo para unos estudios cuyo apartado práctico es determinante para adquirir conocimientos y, de ellos, seguir aprendiendo.

“Un matrimonio craneal”, decía que tenia la mujer de William G Sutherland con él. Lo de este genio y creador de la osteopatía craneal no fue normal en ningún momento; la dedicación exclusiva al estudio de esta terapia hizo que en treinta años no hiciese prácticamente otra cosa que buscar formas posibles para, como él decía, demostrar que los huesos del cráneo no se mueven. Se fabricó auténticos artilugios para ponerse alrededor de su cabeza y comprimiendo ciertas zonas, provocarse ciertos síntomas, síntomas que en algunas ocasiones le enviaron de cabeza, y nunca mejor dicho, al hospital.

Ahora que conocemos el funcionamiento fisiológico del cráneo, que entendemos las lesiones producidas por una disfunción en la movilidad de sus huesos, que esto a su vez puede producir una compresión entre sus suturas, y que suele producirse a la altura de alguna hendidura o agujero por donde pasa algún tegumento o vaina nerviosa, alguna vena o arteria, entendemos que es fácil que determinados síndromes de alguno de los pares craneales o síntomas de tipo vascular se deban a este fenómeno: a la desorganización de la fisiología craneal en el más amplio sentido de la palabra. El hecho de que ésto suceda confirma que la osteopatía craneal es una terapia completa y que nace de la necesidad del ser humano de obtener una normalización de su movimiento craneal cuando éste está alterado y por sí solo no es capaz de regularse.

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